Este cuentito lo escribí hace un tiempo... espero que les guste...
Historia antigua
La única noticia de que aquel hombre había tiranizado
durante más de medio siglo a una vasta región del Asia Menor figuraba en un
trozo de pergamino; fragmento de una vieja leyenda, en los poemas de un poeta y
en las máximas de un filósofo, salvadas por un incendio que carbonizó y
conservó las tabletas de arcilla en las que fueron escritas.
Un arqueólogo joven y aventurado decidió seguir por su
cuenta y riesgo esas pistas que eran poco menos que nada. Fue en el principio
de un alba que prometía una mañana de sol calcinante, en un perdido y desierto
rincón de Turquía, cuando el pincel del investigador comenzó a descubrir en una
enorme excavación los caracteres cuneiformes que alguien había tallado en la
tumba del tirano.
Su nombre estaba incompleto, carcomido por el paso de los
siglos. Itar Ish… señor de Urkesh y
Kizzuwadna, hijo dilecto de Teshub y amado por los dioses descifró el
arqueólogo que además era un aficionado a las matemáticas.
En más de veinticinco
siglos –reflexionó el investigador- nadie
recordó siquiera el nombre de este asesino, en cambio las máximas del filósofo
que mandó a decapitar, y más de quince poemas de un poeta que se refugió en las
montañas y que acaso los dioses protegieron, figuran en numerosas bibliotecas
de las universidades más prestigiosas del mundo y la posteridad ya no las
abandonará. En cambio de este emperador tan poderoso y tan temido solo han
quedado menos de veinte palabras y una tumba derruida que nadie querrá visitar
en este paraje donde solo hay arena y desolación.
La hija del arqueólogo, que cuando creció se convirtió en
poeta y escritora, escribió una novela en la que el filósofo decapitado y el
poeta fugitivo eran una sola persona, y justificó ante los cuestionamientos de algunos
críticos que si en su libro no figuraba el nombre del tirano era por un simple
acto de justicia histórica al que una novelista tiene derecho, y también para
demostrar que las enseñanzas de un filósofo y las palabras de un poeta merecen
sobrevivir a la leyenda de un señor de la guerra cuya única grandeza, la de sembrar
la esclavitud y la muerte, ya es historia antigua.
Santiago Almada©

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