miércoles, 25 de febrero de 2015

Ficciones de un Negro Peronista

Este cuentito lo escribí hace un tiempo... espero que les guste...


Historia antigua

La única noticia de que aquel hombre había tiranizado durante más de medio siglo a una vasta región del Asia Menor figuraba en un trozo de pergamino; fragmento de una vieja leyenda, en los poemas de un poeta y en las máximas de un filósofo, salvadas por un incendio que carbonizó y conservó las tabletas de arcilla en las que fueron escritas.

Un arqueólogo joven y aventurado decidió seguir por su cuenta y riesgo esas pistas que eran poco menos que nada. Fue en el principio de un alba que prometía una mañana de sol calcinante, en un perdido y desierto rincón de Turquía, cuando el pincel del investigador comenzó a descubrir en una enorme excavación los caracteres cuneiformes que alguien había tallado en la tumba del tirano.

Su nombre estaba incompleto, carcomido por el paso de los siglos. Itar Ish… señor de Urkesh y Kizzuwadna, hijo dilecto de Teshub y amado por los dioses descifró el arqueólogo que además era un aficionado a las matemáticas.

En más de veinticinco siglos –reflexionó el investigador- nadie recordó siquiera el nombre de este asesino, en cambio las máximas del filósofo que mandó a decapitar, y más de quince poemas de un poeta que se refugió en las montañas y que acaso los dioses protegieron, figuran en numerosas bibliotecas de las universidades más prestigiosas del mundo y la posteridad ya no las abandonará. En cambio de este emperador tan poderoso y tan temido solo han quedado menos de veinte palabras y una tumba derruida que nadie querrá visitar en este paraje donde solo hay arena y desolación.



La hija del arqueólogo, que cuando creció se convirtió en poeta y escritora, escribió una novela en la que el filósofo decapitado y el poeta fugitivo eran una sola persona, y justificó ante los cuestionamientos de algunos críticos que si en su libro no figuraba el nombre del tirano era por un simple acto de justicia histórica al que una novelista tiene derecho, y también para demostrar que las enseñanzas de un filósofo y las palabras de un poeta merecen sobrevivir a la leyenda de un señor de la guerra cuya única grandeza, la de sembrar la esclavitud y la muerte, ya es historia antigua.
Santiago Almada©

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